Las miradas de Nepal

Caras de Nepal

Alguien me dijo que el pueblo nepalí estaba dormido. Bueno, más bien que se hacía el dormido y que no le apetecía despertar.

Este territorio, que durante siglos ha vivido aislado del resto del mundo, no entró en la ‘era moderna’ hasta la mitad del siglo XX y aunque empezaron a implantarse planes para mejorar la calidad de vida de sus habitantes, Nepal continua siendo uno de los países menos desarrollados y más pobres del mundo.

Muchas son las ayudas económicas y de voluntariado que ha ido recibiendo a lo largo de los años pero los altos niveles de corrupción y la inestabilidad política, han frenado su despertar natural y han promovido el desinterés general de los unos hacia los otros. “Los que vienen de fuera ya se encargan de resolver nuestras miserias, así que no nos preguntamos nada y nos dejamos llevar”, me decía Bimal.

Es difícil de entender que disponiendo de una competencia hidroeléctrica tan descomunal, Nepal siga sufriendo uno de los cortes de energía más graves del mundo, de hasta 16h en invierno. El caso es que gran parte de sus proyectos hidroeléctricos son financiados por países vecinos como India y hasta un 52% de esta energía va a parar a ella.

Nadie se queja, nadie se pregunta nada. Otros ya piensan por ellos, lo que provoca una explotación indiscriminada de sus recursos a causa del desconocimiento que los locales tienen de sus propias capacidades.

Como decía aquél proverbio chino, ¿les entregamos el pez en bandeja o les enseñamos de una vez por todas a navegar para recuperar las riendas de su propio destino?

De algo sí que estoy segura. En el momento en que despierten, tomen consciencia del enorme potencial que tienen y trabajen unidos como nación, las preciosas miradas étnicas de cada uno de sus rostros brillarán aún más si caben y acabarán con esa cerrada oscuridad que les impide levantarse y mostrar al mundo esa luz tan pura que llevan dentro.