A veces… voy a restaurantes no veganos

Nasi Campur Warung Sopa Bali

Soy vegana, aunque a veces no voy a restaurantes 100% veganos, aún habiéndolos cerca.

Deja que me explique.

Es innegable que el veganismo está al alza. O al menos su interés en él. La alternativa de “no comer animales” ya no es aquella dieta oscura/extraña que alguna vez fue, y esto facilita enormemente el disfrute gastronómico de las personas viajeras que abrazamos este estilo de vida. Es más accesible que nunca y, a la práctica, el día de hoy siempre resultará un poco más afable que el de ayer a la hora de hallar nuestras preferencias personales. Claro está que el grado de facilidad varía según el destino escogido (y cuánto de alejado esté de una gran ciudad) porque hay muchos países donde las dietas locales consisten mayoritaria y fundamentalmente en carne y lácteos.

Volviendo a la popularización del veganismo, cabe destacar que en su vertiente más corporativa (entiéndase comida hecha a base de maíz, soja y trigo) es un arma de doble filo para la cultura del país. Puede parecer inofensivo a primera vista —ya que no hay cosa que deseemos más que el sufrimiento animal sea inexistente— aunque también nos debería preocupar el riesgo de querer satisfacer en exceso al que viene de fuera con sabores demasiado familiares y clonados. Nos encontramos ante una complacencia estandarizada, cómoda y quizás… ¿en proceso de globalización?

Y aquí viene el motivo de ser de esta entrada: después de más de 10 años siendo vegana y poniéndolo a prueba en diferentes países, he sido testimonio de como un notable número de restaurantes 100% veganos (no todos, por descontado) ofrece una oferta muy similar, ya sea que se encuentren en Barcelona, Berlín, Bangkok o Beijing, y sus platos distan muchísimo de su cultura gastronómica más tradicional en versión adaptada.

En mi caso (e insisto, es mi humilde preferencia) si estoy en Vietnam, no me apetece comer un tazón de avena con arándanos para desayunar; como tampoco una hamburguesa de quinoa en India, y menos un cheesecake de anacardos en Bali. Generalizar está mal pero algunos de estos lugares están regentados por expatriados que ven un nicho atractivo para seducir al turista/viajero/foráneo.

Quiero un bánh xèo con tofu y brotes de soja, un chana masala con arroz basmati o una tarta dulce de snake fruit. Quiero abrazar los sabores íntegros del país en su versión vegana. Porque la hay. Puede que cueste un pelín encontrarla; no perdamos la fe porque existe. Y en ocasiones, te tropiezas con estas joyas verdes tanto en restaurantes veganos como en lugares no anunciados como tal.

Desayuno vietnamita: bánh xèo con tofu y brotes de soja, caldo vegetal y hojas verdes para acompañar.

Lo que menos deseo con todo esto es que mi mensaje se malinterprete: es de vital importancia apoyar a negocios veganos, sin lugar a dudas. Por otra parte, también es defendible querer preservar los sabores del país a la vez que normalizar la convivencia de platos veganos en los menús de cualquier restaurante. Más demanda, mayor oferta y mejor comprensión de nuestras peticiones.

He comido auténticas e inesperadas delicias en lugares sin etiqueta. En Taipei encontré un buffet con el mayor surtido de hojas verdes, setas y tofu que jamás haya visto, en un mercado local de Chiang Mai probé uno de los mejores Pad Thai veganos habidos y por haber, una crepe de plátano hecha con leche de coco y azúcar de caña en un puesto de carretera de Bali y unos increíbles momos fritos rellenos de setas en un comedor en medio de la nada, en Bangladesh.

Hay muchos restaurantes veganos en todo el mundo que adoptan ingredientes y cultura locales. Estos son los primeros a los que debemos acudir, sin falta. Aún y así, a la hora de planificar un viaje, no desechemos del todo la idea de comer en restaurantes genéricos (y si el dueño es local, mejor que mejor): echa un vistazo a su menú porque tal vez te lleves una grata sorpresa y te topes con auténticas delicias hechas a base de plantas que ni siquiera te habías imaginado. Y puede que más originales que el archiconocido batido antioxidante con semillas de chía del restaurante vegano de al lado.

Desde mi afán por la diversidad cultural tolerante, no deseo que el gran potencial de platos veganos en la cocina internacional se vea reducido/limitado en sabores con ingredientes idénticos aquí y allá. Si quieres darte un respiro de picantes, especias o aromas exóticos, adelante. Pero no hemos viajado tan lejos ni cruzado medio mundo para comer lo mismo. Que el porridge de avena con frambuesas y la crema de calabaza no sean tu primera opción por defecto :)

Pot poti de sabores indios y bengalís

Salgamos y seamos exploradores de sabores sin un ápice de crueldad.

Aprendamos a decir en el idioma local qué es lo que queremos y lo que no en nuestro plato.

Sumerjámonos en las bondades de cada gastronomía adaptadas a nuestra filosofía de vida.

Descubramos, sin miedo, todo lo que ese nuevo lugar puede ofrecernos.